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Después de todo, creo que ella
siempre supo que sus ojos verdes fueron dibujados para lanzar misiles verbales
en campos ajenos. Ella acuña dolores cuando dice- me dice- que dice, y sus dos
ojos-aceitunas se concentran en la siguiente misión: obturar. Ella obtura
permanentemente, casi por reflejo, con la complicidad de los caramelitos de
manzana. Esos ojos verdes hablan.
¿Qué habrá querido decirme con
hegemón? ¿Por qué la vida es cosa de antes? En el momento en que ella lanzó sus
misiles existenciales hacia mí, mi primera respuesta fue adentrarme en mis
entrañas, en mi condición de ser-en-preguntas, y buscar allí mismo algún tipo
de explicación posible. Al no hallar ninguna respuesta, mi estrategia se
modificó parcialmente, y decidí dejar mis ojos en reposo y observar, ahora, no
mis adentros, sino todo lo externo, todo aquello que me rodea y que comúnmente
lleva por nombre contexto. Tampoco allí pude encontrar la respuesta, por lo
cual mi estrategia perdió el rumbo inicial y se abocó justamente a aquello que
quería evitar de cualquier manera: buscar la respuesta en sus ojos. Entonces la
miré,
Eeeeeeeeeeeeee intenté en vano localizar sus ojos verdes, Eeeeeeeeeeeeee, pero no, no y no. Presumo que
una afirmación y una pregunta suyas fueron capaces de derrumbar el edificio de
mis convicciones. No me preguntes por qué, pero ella es una mujer de papel que
el viento lleva de un lado a otro, de un sueño a otro, de un hombre. Ella es
una mujer de ojos verdes como caramelitos de manzana, si la ves no la mires.
Continuará.
Leonardo Pez, 2011.-
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