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Mi respuesta demora en salir a la
superficie entre tantas divagaciones que sólo me conducen a decir que ella (la
hegemona) tiene ojos que observan y obturan. En aquel momento, temía hablar con
ella suponiendo que, en cuestión de segundos, podría apresarme y en clic
transportarme a un universo estático. Supongo que ella es una buena fotógrafa. Y
si no lo es, sus ojos verdes como caramelitos de manzana me han jugado una mala
pasada. Sí, ella es una morocha de ojos verdes que cuando mira obtura y, cuando
no mira, dice- me dice- que dice. Además, sospecha que su voz cuenta con
escasas posibilidades de trascender el llano de la indiferencia social, de no
ser, claro está, por una palabra elegante y discreta capaz de bajar por los
escalones de sus labios sin sentido para acostarse, finalmente, bajo las
sábanas de algún planeta. Y yo, a su lado me siento un escarabajo social, el
producto de una nueva corriente posmarxista o quién sabe qué. Sin miedo a
equivocarme, puedo aseverar que la morocha de ojos verdes es el centro de cada
una de mis acciones.
Continuará.
Leonardo Pez, 2011.-
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